¡Tú, tremenda mujer!
¿Qué sería de tu egolatría si no tuvieras aquellos a quienes llenas de placer? – en sus ojos, sus manos, sus miembros.
Todos ellos que embalsaman tu piel con sus besos, sus caricias, sus eyaculaciones.
Ellos que te complacen en todos tus caprichos, banales y turbios. Ese exceso de complacencias de vicios, de vida, de trastornos y recios tumbos.
Durante diez años has venido escalando en la jerarquía sin mí. Esa jerarquía que te coloca en una posición visible y ‘aparentemente’ colmada de éxito pero, a la vez, de especulación.
Pero sin mí y mis nahuales y energía plena, hubieras sucumbido hace mucho.
¿Has notado acaso que soy yo quien te ha liberado de tu sobreabundancia de cuando en cuando? Soy tu catalizador. ¿No lo has notado? – creo que lo sabes.
Pero no sabes cómo cuidar una joya. Lo das todo por sentado; por la raíz, por el futuro y la estabilidad etérea. ¿En verdad piensas que no sé? ¿Qué no te sé? Fue duro y difícil descubrir a la extraña conmigo, después de tanto tiempo. Pero identificada estás.
Cuando das, es apenas una miga, que puede bien ser abundante y exquisita, claro está; pero además dejas que se te pida. Permites, ¡buscas! que te admire.
Sé que fanatizas que te admire, que te admiren... ¿No te sientes un poco manejada? ¿En verdad?
Me gustaría regalar y repartir con locura, tal como haces tú.
Pero tendría que caer tan bajo como has caído tú.
¿Cuánto durará este espejismo? – ¿depende de ti, o de mi?
Yo amo.
Tú deseas.
Pero yo deseo también.
Supongo que tú amarás también.
Pero somos tan distintos. Yo deseo, tú necesitas.
Te has transformado, me consta que no siempre fue así. Te has transformado física y mentalmente. Eres, por decirlo en algún término, ergonómica. Te sientes tan arriba e inaccesible, tan difícil de conseguir que, no sabes lo fácil y accesible que te has vuelto.
No me gusta de pronto no saber a dónde conduzco. Me pone nervioso saber que voy al volante (si tan sólo tú y yo fuéramos los únicos pasajeros). El mapa no es visible y hay muchas piedras; neblina, lluvia, paisajes hermosos y otros oscuros. Mi orientación varía, siento el magnetismo de pronto como vira el volante. Pero el vehículo es óptimo, funciona, resiste. Los motivos son abundantes y maravillosos.
Sé que todo camino tiene un final. Hay caminos con ‘dead end’, que son distintos.
Espero tener la sabiduría y certeza de bien elegir, para llegar sano y salvo al final del camino; a partir del cual, estoy seguro, una perspectiva muy distinta se dibujará, casi instantáneamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario