viernes, 14 de octubre de 2011

Eva-siva

¿Verdad que no?

Yo hubiera pasado la eternidad tratando de entenderla si un día, un lastimero como placentero día, mis ojos no se hubieren encontrado con uno de sus mensajes, no borrados y no cifrados, que hacen que los delatores se vuelvan innecesarios y que me llevó a encontrarla entre los brazos de la flagrancia inequívoca y sonora que no deja lugar a dudas.

Encontré pistas desde mucho antes, pero nunca las seguí. Al menos no hasta el final. Después de tanto tiempo, supe que en verdad ella era una desconocida para mí. Y en realidad no fue nunca cuestión de abrir el candado de la escritura secreta. Se volvió un tanto descarada ¿o despreocupada? no lo sé, pero se estaba convirtiendo de pronto en un personaje fascinante aun cuando sus acciones todas me penetraban como yagas y perpetraban como moros. Actuando natural y sin disimular sus revelaciones, sí trataba de esconderlas superficialmente, cayendo en puras galimatías que, de a poco, me ayudaron a comprender el mensaje verdadero.

Las condicionales contradictorias, en este caso, fueron siempre verdaderas, por su falsa premisa.

Yo la mire con los ojos húmedos, pero también estaban húmedos mis labios mientras sentía el ansia manifestarse de distintas maneras en mis puños; justo como mis letras en este momento.

Ahora no recuerdo exactamente todo lo que paso por mi cabeza en aquel momento, pero mi cuerpo trepidaba y tampoco recuerdo el instinto que evito que corriera e interrumpiera aquella escena confusa y vívida. Pero adopte la mejor postura que un voyerista puede adoptar. No puedo decir que me haya relajado, pero si soporte el peso de aquél embate y de alguna manera lo configuré y lo traduje y permanecí inmóvil y gozoso hasta que ellos desaparecieron de mi vista, en un tiempo bastante largo o lento, tampoco lo sé de cierto. Ahí supe que el gozo, el placer, se obtiene no solamente de una caricia, sino también de un arañazo.

Callé entonces y me mantengo en silencio. De momento no pienso en alguna otra opción por maquiavélica que sea. Y no sé tampoco durante cuánto tiempo he de mantenerme estoico y gozoso. Ahora, cuando me toca disfrutarla, la disfruto de distinta manera, con más cosas en mi cabeza revoloteando como cuervos en el maizal.
Y probablemente ella lo sepa, pues en ocasiones he hecho de tripas corazón en momentos tan obvios como tensos. En momentos dónde una mente rígida se quiebra.

Ahora no ocupo mi tiempo en tratar de entenderla. Ahora me ocupo de ser feliz con lo que tengo. Aunque ello conlleve, en veces, una carga extra de adrenalina que, la mayoría de las veces termina consumiéndose en mis entrañas. Y aunque trato siempre de canalizar de distintas formas todo aquello que me perturba, no siempre lo consigo.

A ella la uso, aun cuando ella pueda pensar lo contrario. Sin embargo ella pudo usarme, y perdió su oportunidad. Es mi presa ahora, sin lugar a dudas, y la comparto, pues tiene mi anuencia secreta, mi permiso tácito. Incluso, cual fogata que cumple un objetivo, la alimento, la colmo de sensuales prendas y objetos para que crezca y luzca, para que caliente más. La invito a mostrarse cada día más como realmente es, que de malo no tiene nada, aquí, lo único malo fue la falta de un acuerdo, el egoísmo, la mentira y la falta de lealtad, el egocentrismo. Mi conciencia está tranquila y mi mente goza variadamente, extrañamente, de formas que no cualquiera comprendería. Su mente está ocupada y tensa, siempre; a la defensiva, a la deriva, fugitiva.

Por eso, teniendo a ella, busco a Ella, a quien aun, solo le falta el nombre.

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