lunes, 8 de agosto de 2011

Whip it!

Como ciclones, demasiado reales para ser negados, demasiado intensos para no mirarlos y demasiado evidentes para imaginarlos, llegan cual ramalazo tus latigazos.

Latigazos como ventiscas que pasan huracanados y marcan mi espalda, piernas, abdomen y nalgas como el pincel al lienzo virgen y desprotegido.

Latigazos que azotan la piel de mi propia memoria.

Latigazos suicidas que atentan contra ellos mismos y contra lo vivido, contra lo sentido, contra lo deseado, contra lo perdido, contra lo ganado.

Latigazos, como ventiscas que pasan y me marcan. Y justo cuando más los sentía a flor de piel, justo cuando creía que florecerían, que renacerían, que brotarían de nuevo como manantial que mana, me encadenas y atado me hinco ante ti suplicante y esperanzado.

Latigazos suicidas como ventoleras que me derrumban, revuelcan, me vapulean y mi espíritu se queda yermo, llano, páramo, desolado, valiente y bravucón.

Y al volver la calma, cuando te vas, solamente queda el desanimo desventurado de levantar y curar lo poco que de ellos mismos queda, esparcido por toda la espalda y piernas y brazos, abdomen y nalgas. Desanimo de hacer el doloroso recuento de lo que quedó, de lo que dejaron, de lo que se llevaron.

Y no entiendo ni aprendo que a lo mejor, lo mejor es dejarlos ir, como viento que sopla, pasa y se va; y no entiendo, ni aprendo, ni quiero, porque sé que no tenerlos, que no sentirlos, o peor aún, olvidarlos, es perder algo de ti y algo de mi.

3 comentarios: