lunes, 29 de agosto de 2011

Mujer isócrona

Gracias a la cadencia de tus palabras, cualquiera puede percibir la magia de tu placida respiración a boca de jarro. Irracional, claro, para mentes sublunares. Y mientras vago por un inmenso mar ilusorio de intemporales medidas y ante tanta belleza distinguida, no logro decidirme si es tu nombre mi dulce castigo o es tu sonrisa quien me somete con dulce fiereza.

Cómo dualidad en una dimensión abstracta de naturaleza ternaria, abro la raíz de mis secretos y me proclamo tu seguidor y fiel vasallo. Inteligente pero no al tacto, sino al trato.

Mi mente fabrica tu voz a partir de las palabras que dibujas y un sentido cobra forma. Y dos, y tres.
No soy capaz de escuchar tus labios pero, antes hubo sólo oscuridad oscilante en un mundo dentro de un círculo perfecto.

Un estimulo al interior del firmamento de tu esencia, garantiza la constancia de mi devota presencia. Tu singular sonrisa, dominadora como encantadora, despide cambiantes reflejos cual rayos de sol que quebrantan las leyes de la óptica a través de un genial caleidoscopio de singulares proporciones y simultaneas presencias.
He de rozar, algún hermoso día, una capa de arena húmeda de ti, de radial simetría y con invisible estructura de rosa mística.

Diosa de los Atlántidas, controla mi posesivo vagar oscilando entre los Trópicos. No creo estar preparado para esperar por otra glaciación.
Dame vida. Vincúlame aunque sea como custodio de tu enigma.

Permite que sea tu mensajero y tu hastío.

Permite que avance a la par y junto contigo.

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