Si acaso, en vez de hablar, hubiese permanecido allí, inmóvil e indiferente al paso del tiempo, simplemente contemplando lo que a la postre cobraría vida en sí misma y en forma de ilusión, hubiera entonces sucumbido a los encantos y poderíos sombríos de una quimera invertida, un espejismo confabulador.
Pero no por aquélla desviación a la nada, prevista por lo demás, se empaña la áurea del prodigio develado por la fantasía en pleno. La Tierra gira y con ella todo lo que hay en su cuerpo, llámese físico o metafísico. Unos y, unos y ceros. Pensamientos, objetos.
En realidad, el plano que llamamos existencial, cambia de dirección al entremezclarse las palabras con los hechos y entonces salen chispas de la nada que, tras haber sido algo metafísico, rayan de súpito todo aquello que es palpable por sentido. Sin embargo, allá, en la infinita continuación del ideal enigmático y creciente, allá en dónde lo ignoto pierde su nombre, permanece, casi quieto, el suspiro altivo que nació con Ella.
Por todo esto, mi mirada no se dirige a donde el esputo se estampa, sino hacia arriba, dónde la fantasía no se desintegra por ser de fina estampa. Allá arriba, dónde el misterio de su semblanza sigue estoico por ser su sustancia una absoluta secrecía.
No se puede perder el piso en un entorno dónde todo es móvil, el sistema, la nube, los agujeros negros que pululan y se entrelazan. Los mismos eones y hasta aquello que por viscoso pierde su encanto. De momento es mi fantasía el único punto inmóvil entre tanta materia y entre tanto oleaje. Esa hermosa fantasía es el perno de esta historia.
Y si por algo formo parte de esta experiencia suprema, aún cuando me muevo junto con todo, es porque llevo ritmo y armonía, porque puedo ver la invisible coraza de la Rosa Mística, porque alcanzo a divisar el brillo resplandeciente por entre la neblina que, aún sin cuerpo ni figura, ni forma ni peso, y que no veo ni escucho, sí me sujeto a su sensibilidad aunque, no esté presente en algún lugar junto conmigo.
Porque es inteligencia, imaginación, opinión y orden.
Porque de momento no es error y no es verdad. Y ese es mi castigo, aquí y ahora.
Pero no es fruto del delirio tampoco. Lentamente cobra forma y, sin que se dé cuenta, transforma el juego en realidad. Quisiera que todo fuera cierto.
Pienso que es justo que ahora yo esté aquí, después de tanto tiempo sin enloquecer.
Y es que puede ser poco el tiempo que le tome en trastornar la mente de cualquiera.
Existe porque no elude el infinito fantasioso. No elude la declaración. No elude la posibilidad de encontrarse con lo distinto.
Al menos, así me parece.
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