jueves, 25 de agosto de 2011

es Ella, la incandescente.

Mi mirada se deleita con el fabuloso destello de una preciosa como preciada Perla occidental.

Y me pongo almeja.

Acorazado y centelleante y armado hasta los dientes con la mira puesta en su protección y enriquecimiento continuo y deslumbrante.
Es un brillo que se jacta en tono rojizo y que cambia desorbitado y llena su ausencia. Un brillo fatuo que se apodera avasalladoramente de mí y que con sólo probar un poco, tan solo un poco de su perfume exquisito, compruebo que es denominación de origen; una disfrazada como anunciada Dominación segura en el Intercambio puro de energía pura y purificada y de Poder anunciado.

Y si me detengo un poco y miro alrededor, aislado e impenetrable, descubro que su rostro, casi tan hermoso como enigmático y atrayente, es sin duda algo que nunca antes vi. Y su cuerpo, el cual descubro encubierto, es algo que nunca antes tuve y que no tengo, pues me posee, me envuelve y me atrapa hasta que pertenecerle es mi única y añorada opción.

Pero lo verdaderamente fantástico y maravilloso del estado en que me encuentro, es sentir el bullicio dentro de mi cuerpo, ese choque de neutrones abalanzados los unos contra los otros en mágica y extraña armonía que resulta en la generación intrínseca de una energía envolvente y enriquecedora que se nota a leguas y contagia al vulgo, convirtiéndolo en algo destellante, atrevido y animado de facto.

Y con todo ello, y dando por descontado el sentimiento confuso de lo que se llama infatuado, relego en la discrecionalidad, la enorme responsabilidad de verme afectado por su hechicera sonrisa.
Y se me ve atrapado en el deleitable sabor de su picardía animada y dulce mordisco temerario, alimentando de a poco, para dar espacio al engrandecimiento del nautilos que lo cubre, el breve espacio que me separa de Ella y su abrazador orgasmo cósmico.

Infatuado ¡sí! y aficionado a su verso converso. Me dibujo intricado entre las sombras mientras sin disimulo ni deparo, me rindo a sus pies.

Y atento espero su llamado, que vendrá de un momento a otro y, sin tapujos ni resquebrajos, me propongo su esclavo aquilatado y aislado contra los azotes del destino e impenetrable a (casi) todo.

No miro su resto ni lo busco. El no saber más de Ella esta sacando lo mejor de mí. Y me alegra pues, si fuera tan solo una fantasía ¿Por qué me consume por dentro? Pues para resurgir como el Ave Fénix cada que así su deseo lo demande.

No dejo de pensar en Ella. Estoy perplejo pero no confundido.

Estoy infatuado.

Incandescente me siento, al fin.

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