jueves, 4 de agosto de 2011

Don Adquirido

Mientras se viaja a bordo del vehículo que transporta la paradoja de dolor-placer, no solo se capta el primero sino que se le transforma en el segundo.

A través de una tortura lenta y consiente y sufriendo transformaciones crueles e irónicas que, a su vez, producen shocks manifiestos por conducto de una punzada fina o un deber pesado y abrazador, uno consigue hacer magia conjunta.

Esta magia o poder es lo más parecido que he visto a la Alquimia que se practicaba en los tiempos de cuando la Piedra Filosofal aullaba a la Luna menguante, transformándose.

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